Descripción
En 1976, y a sus 27 años, el compositor francés Jean-Michel Jarre lanzaría un disco que cambiaría por completo el concepto de crear música electrónica en el planeta.
Hijo de Maurice Jarre, compositor de música para el cine, se inició en 1968, cuando se unió al Grupo de Investigación Musical de Pierre Schaeffer, donde tuvo la oportunidad de trabajar con uno de los primeros sintetizadores en Europa. Luego de tres años saldría de allí y publicaría su primer disco titulado «La Cage», en 1971. Pero el camino de este artista, prácticamente desconocido, con un puñado de singles editados en su país, y una banda sonora sin mayor difusión haya logrado desplazar a íconos musicales de su época, es un hito en la música como tal.
En aquel 1976, el movimiento de la música electrónica vivía su apogeo, siendo Alemania cuna de los mayores exponentes de este género, aunque en toda Europa los hubo también, pero con menor repercusión. Aquel año Tangerine Dream editó «Stratosfear»; Peter Baumann sorprendió con «Romance 76»; Klaus Schulze lanzó «Moondawn», y la excepción, Vangelis, quien publicó «Albedo 0.39», uno de los discos más representativos del griego. Pero ninguno de ellos había dado el paso definitivo para llegar al gran público y convertirse en un género superventas. La razón de ello es que la esencia de este movimiento era sinónimo de partituras siderales, frías y angulares, propias de un pequeño puñado de artistas vanguardistas. Una escena gloriosa, que sin embargo comenzaba a dar los primeros signos de cansancio creativo. Fue entonces cuando llegó el oxígeno, apuntando a crear música electrónica para las masas, sin sugerencias etéreas ni metafísicas. Esta idea, tan simple como brillante, propiciará el álbum francés más exitoso de todos los tiempos.
Oxygène es una suite dividida en 6 movimientos, compuesta e interpretada por el propio Jarre, con el apoyo de Michel Geiss, ingeniero de sonido y diseñador de múltiples instrumentos electrónicos. La instrumentación analógica, sin embargo, era avanzada para su época, incorporando órganos electrónicos, cajas de ritmos, sintetizadores, mellotron y mini moog. Es un álbum conceptual que trata el tema del planeta Tierra; una oda a la vida terrenal y sus seres vivos, pero también, una mirada crítica a la degradación medioambiental a la que se ha visto sometida en los últimos tiempos. En definitiva, el concepto de la naturaleza expresada con un lenguaje de sonidos electroacústicos que viajan sin lírica.
Otro detalle es la carátula del disco, obra del artista Michel Granger, que representa un cráneo humano gigante en el interior de un planeta Tierra que va deshaciéndose. Un arte visual que plantea la devastación del ecosistema por parte de una futura civilización tecnocrática. Oxygène viene a ser el símbolo del humanismo neo-romántico y naturalista que Jarre forjó a través de sus estudios literarios.
Para entonces también se produjo una llamada «fiebre OVNI», donde se publicaron muchos libros respecto al tema, entre ellos el escritor Erich Von Däniken, quien postulaba en sus libros la idea de abducciones y vida extraterrestre. La cultura citadina pensaba que el primer contacto llegaría en cualquier momento y forma, y la música fue un lenguaje sideral que pudiese servir como nexo comunicativo. Así, las melodías y ritmos de la música popular se fundirán en suites electrónicas, dando forma a un sonido más articulado y melodioso. La otra mitad es fruto de una genialidad sofisticada, hipnótica, atmosférica y espacial.



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