Descripción
Hablemos un poco de un pionero de la electrónica, Jean Michel Jarre, compositor de algunas de las joyas musicales francesas contemporáneas más importantes. Ávido artista, bien introducido en estudios musicales e impactado profundamente por la música académica del siglo XX y la ópera. Hacia mediados de los setentas se hizo de un gran nombre con Oxygène, mostrando un genuino espíritu sobre los sintetizadores, consolidando junto con su generación los cimientos de la música ambiental.
Para continuar una racha que sólo él mismo podría continuar, Jarre estuvo en su home studio, produciendo durante dos largos años el siguiente gran éxito: Equinox, lanzado a finales de 1978.
Tratemos a este álbum como la justa pieza de treinta y nueve minutos que es. Sin innecesarias divisiones, más que la obligada pausa durante el cambio de caras en el vinilo original. Esto último debido a que nada se puede hacer ante las limitaciones técnicas de su tiempo. De ahí en fuera, tenemos claro que pudo ser una sola pista perfectamente.
De primeras, es un disco que se presume ambiental y atmosférico. Sin embargo, llega a desenvolver una herencia clásica a momentos, muy escondida, muy bien camuflada entre efectos digitales. Esta dualidad la apreciamos durante los primeros minutos con una apertura que se enfoca en los planteamientos armónicos y la experimentación con oscilaciones, reverberaciones, ostinatos, entre otras herramientas ahora fundamentales de la producción.
Una vez cambia la inclinación, satisfechas las modulaciones armónicas, los estudios sobre contrapunto y fuga de Jarre se exponen a lo largo de relajantes pasajes melódicos. Una combinación que a día de hoy no se nos viene de primera mano a la mente en el ámbito de la electrónica. Pero, como gran dato, he aquí cómo los artistas encuentran maneras de seguir renovando conceptos y recursos de una tradición longeva. Tampoco es que encontremos a Bach pero todo dentro de este álbum tiene un orgánico propósito que se explota más adelante.
Mientras tanto, la cara B se aventura a lo rítmico. Auspicia muy bien lo que será la música en la década de los ochentas. Aprovecha una base rítmica concreta para explorar armonías ahora impulsadas. Pero esto que parece ser el momento más alto del disco, es tan solo un puente que nos acostumbra a secuencias más sólidas y digeribles.
Con todo, la catarsis no se presenta, sino hasta los últimos diez minutos. Es aquí cuando las piezas del rompecabezas se juntan —lo clásico y la vanguardia— para crear un sensible pasaje nutrido por la parte más estudiada de Jarre y las novedades tecnológicas más grandes de su época.
Casi como si se tratara de un coro, diferentes voces se juntan. Convencido de sus inspiraciones, Jarre incluso aprovecha los vibratos que le proporcionan los sintetizadores para emular aún mejor con ellos lo que vendrían siendo voces humanas. Al final, tan suavemente como llegó, la catarsis se disuelve de vuelta como olas en la playa. Y, de hecho, esto podría ser una gran metáfora sobre esta música tan exquisita, que es un mar donde muchas voces dialogan como olas, juntas haciendo un canto de dimensiones insospechadas. Que va, una obra satisfactoria de principio a fin. O, como el propio artista desea, una lluvia, un viento, naturaleza llevada a la música o la música llevada de vuelta a la naturaleza. Es decir, ambiente.
Lo que queda después, es la parte más ambiental y un sonido sintético muy personalizado. De un tiempo en que los efectos no estaban pre-establecidos, sino que se elaboraban desde cero. Y esto se nota mucho y hace sobresalir aún más la extraña melancolía que nos despide de Equinoxe.
Para los amantes de la electrónica, seguro Jarre no es ningún secreto. Sus millones de ventas son solo la prueba de la constante novedad que ofrece la música y la curiosidad de un público que siempre va y viene entre propuestas. A Jarre, le tocó la cara de la fortuna comercial. Así como otros grandes nombres como Alan Parsons o Vangelis, el francés es un referente musical. Para los neófitos, Equinoxe es la perfecta introducción a este mundillo de sintetizadores.
Fuente: Nacionprogresiva



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