Descripción
Meddle, sexto álbum de Pink Floyd fue grabado entre Enero y Agosto del año 1971 en diversos estudios de Londres, entre ellos el mítico Abbey Road Studios y publicado en Octubre de dicho año.
Este «nomadismo» por distintos estudios atendía a la necesidad del grupo de buscar más canales de grabación para poder integrar de forma más eficiente los diversos efectos de sonidos que pretendían ocupar para el disco, aprovechando al máximo la tecnología disponible por aquellos años. Hubo varios técnicos de sonido participando en la producción, como John Leckie, Peter Bown, Rob Black y Roger Quested, entre otros.
Este disco posee una paleta muy variada de estilos musicales, se puede apreciar desde pop (que no extrañaría para nada escucharlo en algún disco de The Beatles) pasando por Blues Rock, pasajes de música experimental, Space Rock y por supuesto Rock Progresivo. Meddle es sin duda una especie de laboratorio donde la agrupación, sin un rumbo claro que tomar, se permitió experimentar, contribuyendo en la composición de forma equitativa, tanto lírica como musicalmente, todos los miembros.
El álbum comienza con unos segundos de silencio y sonidos ambientales de vientos, apenas perceptibles, pero que están presentes para crear la antesala a la llegada estruendosa de dos bajos, ejecutados en simultáneo por David Gilmour y Roger Waters, creando la introducción perfecta para una escena digna de película de ciencia ficción desarrollada en el espacio, ad portas de abordar una nave y emprender el vuelo, sonoro, en este caso.
Hablamos de la inconfundible “One of These Days”, uno de los más espectaculares inicios de discos del Rock. Nos invita con inmediatez a posicionarnos para el disfrute musical. Casi en la mitad de la pieza escuchamos a Nick Mason con una voz agresivamente distorsionada y grabada desde un amplificador de guitarra, decirnos: One of these days, i’m going to cut you into little pieces (un día de estos, te voy a cortar en pequeños trozos) dando el puntapié al ingreso en conjunto de todos los integrantes uniéndose como una aplanadora musical.
El segundo corte del disco, A Pillow Of Winds, provoca un contraste sustancial con respecto al track que le antecede. Es una pieza llena de nostalgia, introspectiva y amena. Una lírica de riqueza poética sustentada en el mundo onírico, acompañada por simples marcapasos de batería, acordes de guitarra estupendamente elegidos y guitarras eléctricas deshaciéndose en el transcurso de la canción, provocan y justifican en su conjunto en título de la composición “una almohada de vientos” y lo grafican perfectamente. Hablamos de Pink Floyd, simplemente unos maestros para musicalizar y representar la música en conceptos.
El álbum continúa con un seco acorde de guitarra (acústica y eléctrica) y que significa la llegada de Fearless, una canción simple de procesar, digerible y muy bien hecha, se manejan muy bien los pasajes rítmicos logrando un sube y baja de intensidad a lo largo de la canción. Animosa y armoniosa en esta composición los ingleses nos invitan a perder el miedo declarando proposiciones de problemas y a la vez contestándolos, dándoles respuesta de una forma deliberada y dejando en claro que uno decide dar respuesta a estos problemas a un ritmo y elección propia en cuanto su solvencia, una tonada que hace un llamado a la fuerza de voluntad, al amor propio y autodeterminación. Se escuchan intervenciones de voces de una “hinchada de futbol” y es literalmente la hinchada del equipo de futbol inglés Liverpool cantando You’ll Never Walk Alone compenetrándose y apoyando la moción del mensaje a entregar en esta canción.
San Tropez es el cuarto track del álbum, una sofisticada y armoniosa pieza compuesta en su totalidad por Roger Waters, narra una ficticia historia desarrollada en la localidad de San Tropez, Francia, en donde se personifica la vivencia de un enamorado de una manera idealizada. Sigue la línea digerible de Fearless, una muy buena pieza de rock estándar.
Seamuss, quinta canción del disco, es uno de los tantos experimentos sonoros realizados por la banda en la grabación de Meddle. Musicalmente es simplemente un clásico blues, pero con la participación especial de “Seamus”, un perro. Esta idea fue ocurrencia de David Gilmour, cuando a petición de su amigo, el cantautor Steve Marriott, debió de cuidar a su perro Seamus por un tiempo. Esta estrella de rock canina cada vez que oía una canción o a alguien tocar algún instrumento, aullaba y ladraba siguiendo al ritmo de la música y fue el por qué de su colaboración con la banda. Cabe aclarar que Seamus no es el mismo perro que colabora en Live at Pompeii, pues no se pudo coordinar su participación para dicha grabación y fue reemplazado por una perra afgana llamada Nobs, es por eso que en Live at Pompeii la canción se titula Mademoiselle Nobs.
Y finalizando llegamos a la mitad del disco… y no es una broma, pues nos encontramos con una obra con una duración de más de 23 minutos, ocupando todo el lado B del disco. Hablamos de una de las suites más gloriosas, bien logradas, emocionantes, con vertiginosos cambios de ritmos y estilos musicales ejecutados de forma no convencional, más bien, ejecutados derechamente de forma experimental, de la historia del Rock Progresivo y el Rock en general. Nos referimos a la espectacular “Echoes”; una declaración audaz de los “Floydianos” para instalarse como piedras angulares y cumbres del Rock Progresivo.
Sonidos, en sus tiempos únicos pues hoy la tecnología ya los puede emular al alcance de solo unas configuraciones digitales, pero que en su época fue un logro del atrevimiento, la curiosidad sin tope y la valentía, desafiando lo convencional del contexto en donde se forjó, cambiando polaridades de conexiones, amplificando por donde normalmente no se hacía, entre muchas otras proezas de la experimentación musical realizadas por los ingleses.
Echoes es una obra magna, en donde existe un exquisito equilibrio en cuanto a la conexión de sus diversos pasajes musicales que otorgan una continuidad sonora excelentemente lograda, no es una composición separada por capítulos, con cortes o descansos, son simplemente y complejamente más de 23 minutos de corrido de una suite sonora que está tan bien pensada que permiten disfrutar de la canción y que se sienta una aventura atrapante sin provocar fatiga auditiva en el oído del escuchante.
Todos los integrantes del grupo brillan por sí mismos en esta canción; los juegos de voces armónicos entre Gilmour y Wright son de una dulzura casi palpable, un gran trabajo, como también lo hecho con sus correspondientes instrumentos (guitarra y teclados respectivamente) añadiendo texturas y atmósferas que derechamente nos transportan a otro planeta. Waters y su bajo acompañando de la manera más efectiva y aportando pasajes que dan mucho Groove y movimiento en el transcurso (y también colocando su granito de arena al momento de las atmósferas experimentales) y Mason nunca dejando de lado su distinguida simplicidad pero que también lo complementa con una de las participaciones más virtuosas que se tiene registro en la banda.
Es complejo redondear en palabras y resumir lo que es tamaña composición, simplemente se puede decir que es una mera obra maestra sonora.
Concluyendo podemos decir que con Meddle, Pink Floyd alcanza una notoria madurez sonora en comparación a su antecesor Atom Heart Mother, pues no se puede negar que sigue una línea compositiva similar, pero en esta obra de 1971 se concreta el desarrollo de la experimentación de manera excepcional, en términos de medios de grabación y compositivos y que marcaría la identidad de los británicos, que era lo que precisamente estaban buscando para continuar. Para muchos el mejor disco de la etapa precedente a The Darkside of the moon.
Fuente: Nacionprogresiva



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